viernes, 13 de mayo de 2016

RECLAMAR EREBOR. CAMPAÑA DE ESDLA (II)

HILO ARGUMENTAL

Siguiendo los caminos del capítulo anterior, cuando Bilbo volvió de su visita al cubil de Smaug con una gran copa de oro los enanos ya no estaban. Viéndose sólo en la oscuridad abandonó Erebor sin quitarse el anillo porque le atemorizaban los persistentes aullidos de los huargos.

Los enanos, tras ganar la puerta del este y enviar al saqueador hasta el dragón, se habían quedado a esperar en una de las antiguas cámaras ahora abandonadas. Pero un atronador rugido les había hecho salir de allí.

Uno de los antiguos reyes troll, más abyecto e inteligente que sus congéneres, había olido el rastro de los enanos y recordando aún el sabor de su carne (pues era muy longevo), persiguió a la compañía de Thorin hasta que éstos espantados salieron de la Montaña Solitaria.
Los enanos abandonan Erebor perseguidos por el Rey Troll
Una vez en el exterior, los huargos y los orcos fueron alertados por los alaridos del troll, y los enanos se vieron obligados a huir de tantos y tan peligrosos enemigos. 
Numerosos huargos se unen a la persecución.
Pero nadie había contado con Bilbo, quien había caminado hasta encontrar a Legolas y a una patrulla de jinetes y arqueros humanos que hostigaba a los orientales que campaban por las ruinas de Valle. 

Tras informarles de la desaparición de Thorin y Compañía y oir los aullidos de los huargos ataron cabos y el hobbit, el elfo y los hombres se encaminaron a rescatar al nuevo rey bajo la montaña de tan apurada situación.
Bilbo regresa con refuerzos
SEGUNDO ESCENARIO: BATALLA POR EL SEGUNDO SALÓN
Sabiendo que el Rey Troll y los jinetes de huargo que les pisaban los talones acabarían alcanzándolos, los enanos se apresuraron a alcanzar unas posiciones más favorables entre las antiguas estructuras enanas.
Thorin trata de alcanzar una posición más favorable para luchar
Finalmente se vieron obligados a combatir esperando que los caballeros y los arqueros que avanzaban por la pasarela llegaran a tiempo de auxiliarlos.
Los enanos se traban en combate...
confiando en que los refuerzos lleguen a tiempo.
Gracias a la llegada de los caballeros y al sacrificio de algunos guerreros los enanos consiguen derrotar a los huargos y poner tierra de por medio con el Rey Troll.
Los enanos vencen a los huargos y se alejan del troll
Ori utiliza su tirachinas para intentar herir a la bestia pero no lo consigue. Quedándose con la idea, el Rey Troll recogió una piedra del suelo y se la lanzó a Thorin causándole una herida y acercándose peligrosamente a la victoria.
La piedra de Ori no daña al Rey Troll...
pero la pedrada del troll sí hiere a Thorin.
Viendo a su odiado enemigo tan lastimado, el Rey Troll y los huargos restantes se lanzaron de nuevo a la carga. La infantería por su parte ordenó a varios hostigadores que entretuvieran a los caballeros mientras los orientales, en formación cerrada, se dirigieron a apoyar el combate principal.
Troll y huargos vuelven a la carga confiando en los refuerzos...

Pero los enanos no estaban solos. Legolas instruyó a los arqueros humanos sobre qué zonas de las armaduras de los orientales eran más vulnerables y cuando soltaron las cuerdas de sus arcos las flechas de penachos blancos y negros se clavaron en la carne de los hombres del este.
pero estos caen bajo la lluvia de flechas.
Sin el refuerzo de la infantería las fuerzas de la oscuridad se vieron superadas en número y perdieron sus combates.
Superados en número, la oscuridad pierde los combates.
El Rey Troll se abrió paso entre sus enemigos y se escabulló en el territorio montañoso mientras los enanos daban cuenta de los último orcos.
Thorin abate a los últimos orcos...
Habiendo sobrevivido el nuevo Rey Bajo la Montaña el bando de la luz se hacía con la victoria.
y escapa con vida de la batalla.
Marcador: Fuerzas de la Luz 2 – Fuerzas de la Oscuridad 0

HISTORIA DE LA CAMPAÑA
Thorin y los enanos se encuentran heridos y muy fatigados, pero aún son decididos y orgullosos. Cuando llegan sus refuerzos desde las Colinas de Hierro despiden de malos modos a Legolas y a los hombres negándoles cualquier agradecimiento por salvarlos. 

Tan mezquino comportamiento avergüenza a Bilbo, que sabe a ciencia cierta qué destino hubiera aguardado a los enanos de no haber contado con la ayuda de  los arqueros. Por ello y sin que lo sepan los enanos, regala a los hombres la gran copa de oro que robó al dragón.

Mientras sus antiguos aliados vuelven a la Ciudad del Lago, los enanos ahora vigorizados retoman el camino a la Puerta del Este y penetran de nuevo en Erebor.
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